Un sueño perturbador apareció en medio de la noche. Sudores
no fríos invadieron mi caluroso cuerpo. La cama, recipiente normalmente
complaciente se volvió de repente enemigo. La lucha fue fratricida. El cuerpo
peleaba con la cama, mi mente. Mi mente libraba otra batalla.

Las respuestas no aparecían, y la duda daba paso al
remordimiento. Un remordimiento que era aplacado
con más movimiento. A cada
duda, a cada pausa un nuevo sentimiento, un nuevo pinchazo al alma. El cuerpo
desnudo no quería tregua, no quería paz, ni sentimientos de culpa. Si yo me
detenía, me aferraba a la razón. Ella se encolerizaba, sin darme media palabra.
Pero sin dudar me mostraba su fuerza. Sus caricias complacientes, sus piernas
poderosas enroscaban mi cintura. Locura de pasión, pasión perra que estuvo
guardada en un cajón. Y que el cuerpo desnudo sacó a la luz. Pasión perra que
quemaba mi alma, que desorientaba mi ser que consumía mi razón. ¿Cuerpo desnudo
qué quieres? ¿Por qué a mi te aferras? ¿Por qué condenas mi alma?
Cuerpo desnudo que no responde, solo juega. Su juego es
claro, sencillo y muy bien conocido. El cuerpo desnudo no tiene fin, lucha
insaciable y eso me gusta. Rival digno para un digno competidor. Esta batalla
la conozco, la he vivido ya. Será fruto del recuerdo, será un momento vivido
que ha vuelto a salir a la luz. ¿Qué eres? ¿Por qué te aparece en la calurosa
noche?
El cuerpo desnudo no tiene voz, sólo gemidos. Sus uñas me
destrozan la espalda. Sus dientes,
salvajes cuchillas se agolpan en mi cuello. Te noto en mis rodillas,
pero sé que esto no lo quieres terminar. No sé quien eres, pero si sé que eres
una guerrera. Luchas sin tregua, la noche trascurre calurosa, lujuriosa y no te
detienes. Quieres ser la vencedora, pero en este juego no hay vencedores, sólo
vendidos. Porque cuando abandones mis brazos, no sabré tu nombre, no sabré cual
es tu rostro, ni sabré cual es el motivo de tal lucha.
Y la noche torna a su fin. El despertador suena y sigo sin
saber, quien era la guerrera. El cuerpo desnudo que golpeó mi alma, quebró mi
cabeza y se encadenó al sueño de mi cama.
Apoteosica a imaxe, Albano
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