Palabras por el mundo

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martes, 6 de noviembre de 2012

Los siete cabritillos y Carismático Galván


Mamá cabrita tenía 7 preciosos hijos cabritillos. 7 juguetones y preciosos cabritillos. Eran una delicia, pues su dulzura e inocencia enamoraban a todos aquellos que con ellos se topaban. Al ser 7 el dinero en la casa de los cabritillos era escaso. A duras penas llegaban a fin de mes. Mamá cabrita trabajaba duro y muchas horas, nunca fue fácil ser madre soltera y menos en estos tiempos. Mamá cabritilla los educaba lo mejor posible. Les hablaba de la dureza de la vida, de lo malas que pueden llegar a ser las personas y de como, con esfuerzo y tesón se puede vivir.
Pero los años pasaron y los cabritillos se convirtieron en cabritos. Llegó el día en el que tuvieron que iniciar su vida. Buscar trabajo para salir a delante.  Aunque seguían compartiendo casa con mamá cabritilla, ya eran mayores. Ahora ellos tomaban sus propias decisiones. Es ahora cuando fuera de la protección materna, comenzaban a ver y sentir el mundo en sus lanosas carnes.
Así fue como poco a poco todos los cabritillos, ahora ya mayores fueron encontrando trabajos dignos con los que ganarse la vida. Panaderos, camareros, vendedores, limpiadores, taxistas… trabajos duros pero con los que podían sobrevivir y llevar una vida normal. Pero estos cabritillos acostumbrados a la miseria tenían en algo en el interior. Ese algo llamado miedo, ansia, codicia… ninguno de ellos querían volver a pasar las penurias que pasaron en antaño, al ser tantos y los ingresos tan cortos.
Así fue como el cabritillo más mayor, el que trabajaba en un bar. Conoció a Carismático Galván. Un ser de apariencia casi divina. Siempre vestido con buenos trajes, muy bien peinado. Con detalles de oro. Relojes, anillos, pulseras. En una palabra, un hombre que se notaba que nadaba en abundancia. Pero el peligro de Carismático Galván no recaía en su aspecto, sino en su oratoria. Era capaz de embellecer sus palabras de tal manera, que el latón parecía que se convertiría en oro.  Carismático Galván vendía humo en forma de sueños. Sueños que tenía un gran precio. Precio que pagaba todo aquel que trataba con él. Por eso, el cabritillo ensimismado por las riquezas prometidas sucumbe al poder de Carismático.


El trato que le ofrece Carismático aparentemente es un buen trato. Pues le oferta trabajar para él. El trabajo es sencillo, pocas horas y muy bien remunerado. Un trabajo que no sólo le garantiza un dinero, sino la comodidad y el poder. Algo que el cabritillo nunca había tenido. Ser respetados por los demás y ganar una fortuna.
 Así que, no sólo sucumbe él, sino que como buen hermano hace saber del negocio a todos sus hermanos. Uno a uno va entrando en el juego de Carismático. Ahora los cabritillos forman parte del negocio empresarial del Carismático. Todos, menos el hermano menor.  El único que se da cuenta, que el dinero fácil no existe. Y que más vale ser pobre y honrado. Que rico y mal nacido. Este cabritillo avisa de lo ocurrido a su madre. Alertada por su hijo menor, mamá cabritilla intenta dar la vuelta en la situación. Pues sus hijos hicieron mucho dinero al principio. Pero un dinero que tuvieron que devolver con un gran interés. Pues no era dinero limpio, era dinero robado, dinero manchado con artes oscuras, esas que no entiende de ley. Esas que no entienden de legalidad, ni honradez. Esas que se pagan con cárcel.  
Pero amigos míos. La vida no es como el cuento. Y aunque esta madre cabrilla encontró a Carismático Galván tomando el sol en una playa. No pudo canjear la deuda de sus hijos. Y aunque este Carismático Galván le sude la barriga, puede beber tranquilo en el río. Pues aunque en él caiga, tiene suficiente colchón con todo lo que les roba a los demás. Y creedme que este lobo no viste su piel, la esconde. Y por supuesto que no nunca se mancha las manos, siempre busca algún incauto que lo haga por él. Por eso, ahora los cabritillos visten en rayas.     

martes, 30 de octubre de 2012

CARISMÁTICO GALVÁN Y LOS TRES CERDITOS.



Carismático Galván era todo un dandy, un pincel, un maestro en el arte de convencer con el don de la palabra. Se podía decir que sería un fantástico escritor. Pues tal era su don de palabra,  que era capaz de crear un mundo totalmente distinto al que realmente existía. No mentía, solo le daba otra visión a la verdad.
Carismático Galván era muy bueno en lo suyo. Tanto que era capaz de convencer a cualquiera. En su trabajo no tenía rival. Era el rey de reyes. Carismático Galván había vendido su alma a su empresa. Una empresa que vendía lo que todo el mundo deseaba, dinero. Los sensatos le llamarían especulador, farsante o timador. Pero otros, en cambio pensaban que Carismático Galván era la puerta abierta a una solución que no podía fallar.  
Y es así, como Carismático Galván conoció a los tres cerditos. Los llamaremos así, para mantener su identidad en secreto. Pues bastante han tenido los pobres con lo sucedido. Estos tres cerditos conocieron a Carismático en un bar. Eran amigos, no sólo compartían el gusto por la bebida y el juego, sino también compartían el gusto refinado por el dinero rápido. Pero como buen cerditos, siempre estaban cubiertos de mierda. Pues el juego y el alcohol sólo traen problemas. Así que esto hacía que fueran algo desconfiados. Por eso, a primera vista no se fiaron del nuestro Carismático Galván.
Así que Carismático Galván tubo que hacer lo más sencillo.  Separar para poder vencer.  Carismático los estudió bien. Aprendió todo lo que necesitaba, para saber de que jamón cojeaba cada cerdito. Trabajo, vivienda, familia…
El primer cerdito, al que llamaremos el cerdito de la casa de paja. Pues este cerdito basó su vida en el goce hedonista. Ni familia, ni buen trabajo, ni buen nada. Casi vivía en la miseria, parecía no importarle lo más mínimo nada.  Carismático lo sedujo con dinero rápido, muy rápido. Tan rápido que no lo pensó dos veces en firmar el contrato. Y tan fuerte como suena el viento en temporal. Así, así sonó su desplome. El cerdito de la casa de paja, que poco tenía, con menos se quedó. El interés de devolución del dinero era tan alto que el cerdito no tubo tiempo de gastar, ni de saborear el verde dinero.

El segundo cerdito lo llamaremos el cerdito de la casa de madera. Este cerdito vivía mejor. Sus ingresos por su trabajo eran mayores. Tenía familia y aunque al muy marrano lo perdía el vicio. Mala, lo que se dice mala vida no llevaba. Carismático no le prometió únicamente dinero fácil, sino también aumentar su nivel de vida. Mejores muebles, mejor comida, mejor educación para sus hijos, un mejor coche…  así que el cerdito de la casa de madera aceptó. Compró esa nueva vida. Y tan fuerte como suena el viento en temporal. Así, así sonó su desplome. El cerdito de la casa de madera, que algo tenía, con nada se quedó. Pues no eran sólo alto el interés del dinero al devolver, sino también la conservación de todo aquello que compró así que ese dinero se esfumó y todo lo que tenía en problema se convirtió.

Al tercer cerdito lo llamaremos el cerdito de la casa de hormigón.  Este cerdito vivía bien. Sus ingresos eran altos. Tanto que podía malgastar y reírse un poco de los demás. Ahora comprendéis porque se relacionaba con los otros tres cerditos. Sí, se reía de ellos mostrándoles sus riquezas y hablándoles de lo bien que vivía. Carismático Galván era conocedor de todo esto. Así que no le prometió el dinero fácil, sino la oportunidad de poseer más y más poder sobre los demás cerditos.  El cerdito de la casa de hormigón aceptó. Su única condición, que este le enseñase más cerdito que timar. Así tanto Carismático Galván como el cerdito de la casa de hormigón vivieron felices y comieron de los demás cerditos.

Sé que el final es desagradable y que nadie quiere un final así. Pero este cuento no se separa tanto de la realidad. La codicia nos hace vulnerables. El querer y el poder nunca está en nuestras manos, sino en manos de gente como Carismástico Galván. Que nos venden deseos absurdos con el precio de perderlo todo. Así que ya sabéis si no queréis ser los próximos cerditos. Pensar antes en todo lo que tenéis y en lo que realmente necesitéis. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

El trébol de cinco hojas


Todo el mundo conoce el efecto milagroso de un trébol de cuatro hojas. Todo el mundo sabe que por su rareza, el trébol de cuatro hojas proporciona suerte a su dueño. Este fenómeno viene dado a la exclusividad del trébol de cuatro hojas. Que hermano de los de tres es casi único e  exclusivo. Pero más raro y especial que el de cuatro hojas, es el trébol de cinco. Casi único en su especie, este fenómeno aparece un 0.000001 % de las veces. Sus poderes son muy superiores a los simples tréboles de cuatro hojas. Pero como es bien sabido; “todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad”. Y con esta historia que llegó a mis oídos, os advierto. Porque aunque lo toméis en broma. De donde yo soy, las meigas, los conjuros y mágico está muy presente. Y es tan real, como la vida misma. Porque la vida mis amigos aún se rige por lo mágico y lo espiritual.

Pepe campesino en la Galicia rural del siglo XVIII. Le comenta a su hermano Eladio de Tras da Mosa, el 
problema que no le deja dormir, ni descansar a él y a su mujer Elvira. Pues resulta que después de diez años de matrimonio la pareja no recogen el fruto de su pasión carnal. El vástago que tanto ansían, no aparece y eso que practican el juego del amor noche si y noche también. Este problema les atormenta, sobre todo a él. Pues resulta que entre las labores del campo y las labores maritales, no tiene tiempo para descansar. Y esto le está pasando factura en su vida y salud.

Su hermano Eladio le comenta que más allá de los montes de San Simón existe un curandero y sabio de los de antaño. Una especie de druida que cura los males a base de hierbas y recetas caseras. Y que este sabio es capaz de curar cualquier mal. Pepe conocedor de las buenas intenciones de su hermano Eladio hace caso del consejo. Así que prepara una excursión para visitar al druida de San Simón. Como escusa, le dice a su mujer que irá a por setas. Pues le da vergüenza reconocer que va a tratar dicho problema.
Pepe recorre los treinta kilómetros que separan su casa del monte se San Simón. Por el camino recoge algunas setas, las cuales va metiendo en su cesta de mimbre. Al llegar se encuentra con una pequeña casa construida a base de troncos. Y a la puerta un joven vestido como un pincel. De bigote pecto, arreglado y perfilado. Peinado como un señor, con su gomina y todo. Fumando uno cigarro en boquilla de plata. Pepe extrañado, le pregunta al muchacho.
-         
Oiga buen rapaz, Y usted. ¿Quién viene siendo?. Pepe tiene los ojos clavados en el joven. Y lo mira y remira con asombro.

El joven le contesta. – Yo, estimado paleto de pueblo. Yo soy el gran sabio del monte se San Simón. Soy conocido por mis poderes mágicos y mis buenos brebajes, que cuidan y arreglan  lo que Dios regala torcido.    
Pepe extrañado le relata su historia. No se fía ni un pelo del muchacho. Las historias que le contaron a cerca de los druidas nunca pero nunca, describían a alguien así. Pero Pepe estaba necesitado, así que aceptaría el consejo de este druida tan especial.

El druida después de escuchar la historia de Pepe le dice.  - Estimado paleto de pueblo. Usted lo que ha de 
hacer, es lo siguiente. Al bajar a su casa de pobre, fíjese en los pies y busque con esmero el trébol de cinco hojas. Cuando lo encuentre, frótese con él una sola vez. Frótese las partes pudientes, pero sólo una vez.

Pepe recoge la información con malar cara pero con esmero. Sabe que  no le queda otra que intentarlo y fiarse del peculiar druida. Al bajar va mirando a sus pies. Mira atento en busca del trébol de cinco hojas. Busca, busca, busca… busca desconfiado, pues le parece todo muy raro. Y casi, al llegar a casa, lo encuentra. Es un trébol de cinco hojas. Lo recoge, lo guarda con mimo en un pañuelo y entra en casa. Al llegar, con una sonrisa en la boca, besa a su mujer. Se dirige a la habitación y se frota varias veces con el trébol de cinco hojas. Su mujer sube a la habitación y después de dos días seguidos de pasión desenfrenada vuelven a su vida normal.

Pepe está encantadísimo, dos días de juegos con su señora. Dos días en los que sus únicas preocupaciones eran el placer. Si al final el trébol no funcionaba, tampoco pasaría nada.

Los meses pertinentes pasaron en casa de Pepe y de su mujer Elvira. La cual, quedó en estado y estaba a punto de dar a luz. El parto duró tres días, tres días duró porque Elvira trajo al mundo cinco varones. Pepe no muy feliz por lo ocurrido vuelve a hablar con su hermano Eladio. Le comenta lo sucedido. Le habla del druida, del trébol de cinco hojas, de los días de pasión…

Eladio sorprendido le dice.- Home Pepe, lo que me cuentas no es muy normal. Yo pienso que te confundiste con el druida. Ese me da a mí, que era un charlatán. Tanta falta de respeto, no se yo.   Y lo del trébol… De verdad que pienso que fue casualidad.

Pepe que sabía que su hermano Eladio no le engañaría, pensó para sus adentros. “y si tiene razón, si sólo fue casualidad”. Así que volvió a coger el trébol de cinco hojas y lo volvió a frotar por sus partes pudientes.  Esta vez frotó más veces que la anterior.

Elvira que parecía poseída por el demonio tomó a Pepe durante cinco días. Cinco días de pasión desenfrenada. Cinco días que fueron recordados nueve meses después cuando el pobre de Pepe se quedó viudo y con seis hijas más. Ahora Pepe tenía cinco hijos varones y seis hijas. Un total de 11 vástagos a los que cuidar y alimentar.

Pasaron los años hasta que Pepe pudo volver a escaparse al Monte de San Simón. Esta vez, para hablar con el Druida. Pepe caminó y caminó. Recorrió el monte en busca del druida y su casa. Buscaba respuesta y una solución. Pero nunca nada encontró. El druida ya no estaba en San Simón, su casa no aparecía y la noche le indicaba que a casa debía volver. Para poder cuidar de sus hijos.

Por eso amigos y amigas, nunca desprecies el poder de lo místico o mágico. Porque sólo un poquito habéis de creer para que esto se haga realidad. Y por supuesto, si encontráis un trébol de cinco hojas. Recordad por donde nunca lo debéis de frotar, o al menos recodar frotaros una vez, nada más.  

lunes, 3 de septiembre de 2012

DON JULIO IGLESIAS


Desde muy pequeño escuché historias sorprendentes. Me hablaron de seres humanos extraordinarios, seres humanos que eran capaces de cualquier proeza. Grandes jefes militares, héroes de acción, personas aparentemente normales que eludieron la muerte, grandes jefes, líderes poderosos… personajes cuyas historias o talentos eran más que dignos de estar presentes en las grandes enciclopedias.
Así fue,  como a mis oídos llegaron las leyendas de Julio Iglesias. Ese hombre cuyo segundo don era la canción. Ese hombre de tez morena y mirada intensa. Ten intensa era su mirar que aquellas mujeres que acudían a sus conciertos, y en primera fila se situaban, quedaban en cinta con su solo mirar. Hombre de manos firmes y juguetonas. Tan juguetonas que con el simple acariciar, la mujer dueña de tal aprecio, sentía en si la petite mort. Hombre de bellas palabras y profundas letras. Estas últimas si eran pronunciadas por cualquier hombre mortal. Bien dichas y  perfectamente entonadas, conseguían a efecto de conjuro embelesar a una mujer. Hombre de fuerte alma y profunda vida. Tal era su poderoso cuerpo, que cuenta la leyenda que sus toallas usadas, eran utilizadas como ingrediente para ese fármaco azul, que regala potencia amorosa al hombre. Julio Iglesias hombre de leyenda, de bandera y nación. Hombre o casi dios, ya no lo sé. Pero lo que si sé, es que sus historias a mis oídos llegaron cuando mi mente era joven. Y con estas historias yo soñaba en secreto. Soñaba ser él, soñaba  conocerlo. Pero ninguno de estos dos sueños llegaron a hacerse realidad.
Y ahora cuando mi juventud llegó a su fin y mi cuerpo torna a viejo. Resulta que las historias que me contaron se hicieron realidad. Las leyendas del prodigioso Julio Iglesias eran todas y cada una ciertas. Y si no me creéis, escuchad atentos este relato. Pues en él cuento toda la verdad y nada más que la verdad.   
Año 2022, mes de Agosto. En un cartel de la plaza aparece el rostro ya mayor de mi ídolo de juventud, don Julio Iglesias. Este semidiós posará su cuerpo en la nueva Plaza de las Ventas para dar un único concierto. En quince días Madrid se convertirá en el santuario del único, del elegido, del grande. Yo como fan incondicional, convenzo a mi mujer para hacer cola y conseguir las ansiadas entradas. Y así poder estar lo más cerca posible del Gran Julio. Una semana haciendo cola, siete días sin descanso. Pero objetivo conseguido, en mis manos dos entradas para verlo, para sentirlo. Pero como si fuera un castigo divino, esos siete días pasan factura a mi cuerpo y caigo enfermo. La tristeza invade mi corazón, ya no podré asistir al concierto de mi vida.
Pero yo, hombre de buen corazón decido que mi mujer pueda seguir adelante con misión divina. Así que ella asistirá al concierto con su amigo Gabriel. Como bien sabréis el nombre Gabriel está ligado al ángel protector que dio la buena nueva a María, madre del grandísimo J.C. (Jesucristo). Así que, con esas credenciales. Gabriel será buen encargado del cuidado de mi mujer. ¿Qué puede salir mal, si un enviado del Señor acompaña a mi mujer?     
Mi mujer y Gabriel asistieron al concierto, las entradas eran de primera fila. Algo que no me preocupaba, porque mi mujer y yo nunca pudimos tener hijos. El médico me  dijo que éramos estériles. Así que sabía que estábamos a salvo. Lo que nunca pude imaginar, es que mi mujer sería agraciada con la fortuna de poder ir al hotel en el que Julio estaba hospedado. Fue invitada por él mismo.  Mi mujer me relató cada momento vivido con el gran Julio. Como la miró, como le dedicó sus hermosas palabras, como el gran Julio que caballero como es,  posó su mano en su mejilla. Y como no,  mi  mujer al ser acariciada por Julio Iglesias sufrió esa petite mort. Y como es normal y no estaba acostumbrada, con tal golpe de calor se tuvo que quedar a dormir. Pues se sintió totalmente indispuesta para volver a casa. Gabriel caballero y buena persona se quedó con ella. Y como ángel protector y enviado de Dios no se separó de ella ni un solo instante. Le cantó las letras del gran Julio para que se quedara tranquila. Pero  se ve que las cantó con tan buena entonación, que sin querer se apropió de su alma. Mi mujer cayó enloquecida del bueno de Gabriel. Tan fuerte fue el hechizo, que hasta en cinta se quedó. Así que como es normal, se fueron a vivir juntos y a criar con esmero, el hijo del Master latino.
Ahora tengo confirmado, que las leyendas son más que ciertas. Que existen seres poderosos, capaces de eclipsar a la gente normal. Y si me equivoco y nada de eso fue verdad. Me da absolutamente igual. Porque es más fácil creerme esas historias que confirmar, que yo he hecho algo mal.   

PD: dejo una recopilación de sus éxistos musicales. Disfrutarlos con responsabilidad!!    

martes, 28 de agosto de 2012

EL ARTE DE VESTIR


Pepe el Sastre marica de nacimiento, artista en el arte, Arte de vestir. Esa que dominaba a la perfección. Pepe era conocedor de la moda, de la tendencia y con gran delicadeza plasmaba el alma, del que tenía que vestir. En Villa Conejos todo el mundo lucia sus ropas, parecía un pueblo de cuento. Los niños parecían ángeles, las mujeres princesas y los hombres eran los más apuestos del condado.
El secreto de Pepe era mostrar la belleza interior de cada persona. Claro está, que en todo pueblo existen personas detestables. Pero tal era la fama de Pepe, que las gentes del lugar hacían lo imposible para lucir bondad. Así el bueno de Pepe les haría la ropa perfecta, el conjunto soñado, para una vida de ensueño. Villa Conejos era un lugar casi mágico. Entre el arte de Pepe y la buena conducta del sus gentes, este pueblo parecía el lugar perfecto. Poco tiempo hubo de pasar hasta que la fama del lugar llegase a nuevos pueblos. Turistas de todo el reino llegaban a Villa Conejos. Eran atraídos por las buenas atenciones, la belleza del lugar y como no, por el arte de Pepe.
Un día llegó al pueblo el Guillermo III el justo. Este rey conocedor del don de Pepe trajo consigo a sus cuatro hijos. Sabía de buena tinta, que Pepe el Sastre hacía sus ropas según el alma de cada persona. El rey Guillermo quería conocer cual de sus hijos sería merecedor de heredar su reino, y por lo tanto ser el próximo rey justo.
Pepe el Sastre recibió al rey en su propia casa. Habló con él durante muchas horas. Cuentan que tantas horas habló con el rey, que el vino del pueblo se terminó, las prostitutas del pueblo hicieron su agosto y algún niño  se hizo mayor. Pero la negociación llegó a buen puerto, el rey Guillermo se salió con la suya y el bueno de Pepe con un gran dolor de rodillas atendió las exigencias del rey. Eso sí, los cuatro herederos deberían estar cuatro meses en el pueblo. Cuatro meses en los que no serían príncipes, sino ciudadanos de Villa Conejos. Es decir, vivir y trabajar como uno más del pueblo. Así  con el trato firmado, el rey Guillermo partió con su corte y dejó a sus cuatro hijos.
Cuatro meses pasaron desde la visita de Guillermo III. El Rey vuelve a Villa Conejos con su sequito y se reúne con Pepe el Sastre. Este le recibe con sus cuatro hijos a la puerta. Estos hijos ya lucen ropas nuevas.
El rey Guillermo mira a sus cuatro vástagos y sus nuevas ropas. Los examina de arriba abajo. Manda dar un paso a delante a cada hijo al grito de: ¡HIJOO! Y es así, como comienza la escena.
¡HIJOO! - Y el primero de sus hijos da un paso a delante. Es el hijo mayor, está vestido con un saco de patatas. De calzado lleva una especie de platos puestos en los pies.  El rey Guillermo pregunta a Pepe.
-          Me puedes explicar, ¿cómo mi hijo mayor está así vestido? Es un vagabundo, tal vez.
A lo que Pepe responde: - Perdóneme mi Rey. Su hijo no es un vagabundo. Es un delincuente, un asesino. Su trabajo en el pueblo fue en una granja de pollos. Los cuales murieron todos o de hambre o por sus magistrales clases de tiro.      
El rey Guillermo responde. – Está claro que mi hijo mayor es una bestia parda. Y justa es su vestimenta. Y su castigo  bien recibido. ¡HIJOOO! Tú nunca serás rey.
El rey Guillermo llama a escena a su hijo menor.
-          ¡HIJOO!
Este hijo menor luce unas pieles sin curtir e ensangrentadas. No lleva calzado, sus pies están mugrosos y negros por la tierra. El rey pregunta a Pepe.
-          Me quieres explicar el motivo de que mi hijo luzca tal monstruosidad. ¿Qué debe hacer un joven para vestirlo así?
A lo que Pepe responde:
-          Su hijo, mi rey. Es detestable. Su trabajo en el pueblo consistía en ayudar en la posada del pueblo. Pero él solo sabía ayudar de una manera. Aligerando el trabajo con la muerte de sus clientes. A quienes luego de muertos les robaba sus dineros.   
El rey Guillermo responde. – Está claro que mi hijo menor es una bestia parta. Y justa es su vestimenta. Y su castigo  bien recibido. ¡HIJOO! Tú nunca serás rey.
El rey Guillermo llama a escena a su siguiente hijo.
-          ¡HIJOO!
Este hijo luce una preciosa vestimenta azul turquesa. Sus pies son engalanados con unos zapatos del mismo color. El conjunto de este príncipe es un sueño. Es más este príncipe parece sacado de un cuento de hadas.
-          Muy guapo, este vástago mio parece un principito de cuento. ¿Qué  debe hacer un joven para vestirlo así?
A lo que Pepe responde:
-          Su hijo es un ángel. Trabajó duro en la panadería. Cuando Rodrigo, el panadero perdió a su hijo, el suyo majestad fue un bálsamo de alegría. Gracias a él su pérdida pareció menor de lo que fue. Además fue muy educado con todo el pueblo. Y rápidamente se ganó el cariño y afecto de todos.
El rey Guillermo responde. – Está claro que mi hijo es un ángel. Y justa es su vestimenta y grandes sus virtudes humanas. ¡HIJOO! Tú nunca serás rey.
El rey Guillermo llama a escena a su último hijo.
-          ¡HIJOO!
Este último hijo aparece vestido tal y como había venido. El rey sonríe, su gesto por primera vez se vuelve amable. Y con gran alegría dice:
-          ¡HIJOO! Tú y solamente tú serás rey.

El rey Guillermo se reúne de nuevo con Pepe el Sastre. Acuerdan un precio justo por su trabajo. Pero Pepe se niega a cobrarle sus servicios. A cambio quiere saber el porqué de su decisión. Al rey Guillermo le parece justo, le responde.
-          Como bien sabrás un rey nunca ha de ser odiado. Nunca puede ser malo, puesto que si él es malo. El pueblo que entiende de justicia, hará justicia con él y pondrá fin a su reinado. Pero un rey no puede pecar de bondad. Puesto que un rey demasiado bueno, será tomado por el pito del sereno. Su pueblo le exigirá, le pedirá lo que parece justo. Y si este cede siempre, nunca reinará pues será su pueblo quien tome decisiones. ¿Lo entiende Pepe el Sastre?

-          Lo entiendo mi rey. Pero porqué motivo escoges al único hijo que nada hizo. Que simplemente se comportó como si estuviese en corte.  

-          Porque ese Pepe. Ese será el “justo”. Yo no tomo decisiones, únicamente hablo cuando me toca hablar. Digo lo que me dicen que diga. Y aparento ser quien debo ser. Ese es el motivo por el cual, mi hijo que nada hizo, será rey.
   Así con esta explicación se marcha el rey con sus cuatro hijos. Pepe el Sastre sigue siendo el sastre del pueblo. Villa Conejos sigue siendo un pueblo de ensueño. Pero con el paso del tiempo Pepe se da cuenta que sólo es un sastre. Que captar la atención de sus clientes con la belleza de su alma, no lo hace mejor, sino más tonto. Es así, como Pepe de oficio sastre decide vivir sus años en este mundo haciendo ropa. Ya nunca más trabajó con el alma humana. Porque lo que uno es, es y nada más.