
Pero los años pasaron y los cabritillos se convirtieron en
cabritos. Llegó el día en el que tuvieron que iniciar su vida. Buscar trabajo
para salir a delante. Aunque seguían
compartiendo casa con mamá cabritilla, ya eran mayores. Ahora ellos tomaban sus
propias decisiones. Es ahora cuando fuera de la protección materna, comenzaban
a ver y sentir el mundo en sus lanosas carnes.
Así fue como poco a poco todos los cabritillos, ahora ya
mayores fueron encontrando trabajos dignos con los que ganarse la vida.
Panaderos, camareros, vendedores, limpiadores, taxistas… trabajos duros pero
con los que podían sobrevivir y llevar una vida normal. Pero estos cabritillos
acostumbrados a la miseria tenían en algo en el interior. Ese algo llamado
miedo, ansia, codicia… ninguno de ellos querían volver a pasar las penurias que
pasaron en antaño, al ser tantos y los ingresos tan cortos.
Así fue como el cabritillo más mayor, el que trabajaba en un
bar. Conoció a Carismático Galván. Un ser de apariencia casi divina. Siempre
vestido con buenos trajes, muy bien peinado. Con detalles de oro. Relojes,
anillos, pulseras. En una palabra, un hombre que se notaba que nadaba en
abundancia. Pero el peligro de Carismático Galván no recaía en su aspecto, sino
en su oratoria. Era capaz de embellecer sus palabras de tal manera, que el
latón parecía que se convertiría en oro.
Carismático Galván vendía humo en forma de sueños. Sueños que tenía un gran
precio. Precio que pagaba todo aquel que trataba con él. Por eso, el cabritillo
ensimismado por las riquezas prometidas sucumbe al poder de Carismático.


Así que, no sólo
sucumbe él, sino que como buen hermano hace saber del negocio a todos sus
hermanos. Uno a uno va entrando en el juego de Carismático. Ahora los
cabritillos forman parte del negocio empresarial del Carismático. Todos, menos
el hermano menor. El único que se da
cuenta, que el dinero fácil no existe. Y que más vale ser pobre y honrado. Que
rico y mal nacido. Este cabritillo avisa de lo ocurrido a su madre. Alertada
por su hijo menor, mamá cabritilla intenta dar la vuelta en la situación. Pues
sus hijos hicieron mucho dinero al principio. Pero un dinero que tuvieron que
devolver con un gran interés. Pues no era dinero limpio, era dinero robado,
dinero manchado con artes oscuras, esas que no entiende de ley. Esas que no
entienden de legalidad, ni honradez. Esas que se pagan con cárcel.
Pero amigos míos. La vida no es como el cuento. Y aunque
esta madre cabrilla encontró a Carismático Galván tomando el sol en una playa.
No pudo canjear la deuda de sus hijos. Y aunque este Carismático Galván le sude
la barriga, puede beber tranquilo en el río. Pues aunque en él caiga, tiene
suficiente colchón con todo lo que les roba a los demás. Y creedme que este
lobo no viste su piel, la esconde. Y por supuesto que no nunca se mancha las
manos, siempre busca algún incauto que lo haga por él. Por eso, ahora los
cabritillos visten en rayas.
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