No te dejes llevar por sus fuegos artificiales, por sus
banderas al viento, por sus palabras comprensivas. Ellos son ellos, tú eres tú.
Y aunque compartas palabras que de sus bocas salen. Sólo son eso, palabras.
En su verbo, la salvación. En su palabra, la sanación. Pero no
es más que humo. Humo vendido por un trajeado, un desalineado, una persona más
que hace negocio con lo que un día creyó creer.
Hablan con grandeza, hacen ciencia de la derecha y la
izquierda. Aseguran que venden su alma para salvarte la tuya. Que su mundo es
el justo, que lo necesario son ellos. Te hablan de cambio, de continuidad. Te hablan
de progreso, sostenibilidad. Te hablan de soluciones, de problemas. Te hablan y
te hablan…. Pero sólo es hablar.
La política es un juego de políticos. El hombre ha de ser
gobernado, pero nunca toreado. Y yo puedo entender que me pongan normas, que se
creen leyes, que fortalezcan su mundo. Pero nunca he dejar, que decidan por mi.
Que me roben las palabras, que jueguen con mi mente. Y manipulen lo que yo
quiero o debo decir.

Yo no soy derecha, ni izquierda. Yo no soy puño, ni gaviota.
Yo no soy
siglas, ni símbolos. Mi nombre es David. Y como yo tengo nombre y no
carezco de palabra. A mi mismo representaré, porque yo creo en mí.
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