El maratón en la actualidad es una carrera de unos 42 km.
Como no, es una de las pruebas olímpicas que se celebran estos días. Pero el origen
del maratón nace en la Antigua Grecia.

¿A donde quiero llegar? Filípedes no era un soñador, pero sí
un loco. Y como loco que soy… Pues que se le coge cariño. Nuestro héroe
recorrió 40km con ilusión, con cariño. Con la alegría del que se siente
afortunado. Fausto por la victoria, corrió y corrió. Hasta que su vida, se
escapó. Hoy en día es distinto, esto de la maratón. Las personas que los corren
no sólo se preparan físicamente, sino mentalmente.
Correr un maratón es superarse a si mismo. Demostrase que puedes afrontar un
reto de tal calibre. Y como no, disfrutarlo.
Filípides lo corrió con alegría, lo disfrutó y lo saboreó. Actualmente
el que lo hace; lo disfruta, lo saborea. No soy un gran corredor, ni creo que
esté preparado para correr un maratón. Y aún menos terminarlo. Pero también sé,
que la vida (Esto que vivimos; que nos disgusta, que nos alegra, que nos entristece,
que nos hace sentir mal, que nos hace ser nosotros mismos, bla, bla bla) es un maratón,
una carrera contra el tiempo. Ese tiempo que nos hace viejos. Nos debilita el
cuerpo e entristece nuestra alma. Un maratón es la vida. Porque por mucho que
nos digan que sólo dura tres días, eso es mentira. Dura lo que dura. El que
tiene suerte vive cien años de alegría. El que tiene menos suerte setenta y con
más pena que gloria. Y el desafortunado, ese no se percata que vive. Se le pasa
el tiempo y no lo llega a disfrutar. Piensa que el mundo está en contra de él.
Piensa que sólo existen sus problemas, y estos son los más importantes. Piensa
que la vida es aburrida, no sonríe y su alma se apaga.
Por eso, este Loco aquí presente. Este Loco, preparará sus piernas para que estén fuertes. Cuidará
sus pulmones y mantendrá su mente despierta y centrada. Porque pienso estar
preparado para recorrer este maratón de vida. Este maratón de vida como hizo
Filípedes, con alegría y con decisión. Para que cuando yo llegue a mi meta, me encuentre con la señorita muerte. Yo pueda sonreírle
a la cara. ¿Te apuntas?
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